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domingo, 22 de agosto de 2010

El otro viaje


Hace ya casi siete meses comenzamos este viaje en el que os hemos querido hacer partícipes a través de este blog donde además de curiosidades, os vamos contando nuestras crónicas, andanzas y opiniones de lo que vamos visitando y viviendo.

Es el viaje “por fuera”, parte esencial de nuestro proyecto y de nuestro sueño que va quedando reflejado en este cuaderno de bitácora que con tanto cariño compartimos con vosotr@s. Pienso que cuando lo bueno se comparte es todavía mejor.
Pero también existe otra parte del viaje que cuesta más sacar al exterior y al menos para mí es más importante que nuestras aventuras. Se trata del viaje interior, el viaje hacia dentro de un@ mism@, sin el cual nada de esto tendría sentido. El descubrimiento de cada un@ en cada paso que damos, el crecimiento (a veces a través de lo que yo llamo desaprendizaje), la introspección y el viaje hacia el corazón.

Por supuesto que este viaje interior no siempre tiene que ir ligado a un viaje real. De hecho, he comprobado como muchos turistas ocupan sus días de vacaciones con una agenda tan apretada que es imposible un rato de reflexión.

El viaje hacia dentro se puede hacer siempre, en cualquier parte y sin necesidad de moverse. Sin embargo muchas veces no nos lo permitimos (al menos yo) porque siempre tenemos obligaciones o preferimos ocupar nuestro “tiempo libre” con actividades varias que nos mantengan ocupados.

Nosotros decidimos plantear nuestro viaje a paso lento, sin prisa y con muchas ganas de encontrarnos con nosotros mismos. Y esta forma de concebir el camino nos ha dado y nos da la oportunidad de entrar en este laberinto con confianza y sin prisa de llegar al final, viviendo el ahora y aprendiendo a mirarnos desde dentro hacia afuera y no al revés.

Como podréis imaginar, muchas cosas han pasado desde aquel Nueva York nevado donde comenzamos nuestro viaje y que ahora nos parece tan lejano. No es mi intención narrar aquí todo lo que ha ido pasando durante mi viaje interior, porque sería imposible y porque además siempre nos cuesta más hablar desde dentro. Hasta hace poco no me percaté de que que esta parte tan importante faltaba en nuestro blog y en un ejercicio de autocrítica y meditación sobre ello me di cuenta de lo mucho que cuesta hablar de sentimientos en ciertos espacios ¿ Por qué nos sentiremos tan vulnerables al mostrarlos cuando al fin y al cabo tod@s sentimos?

Yo solamente quería mencionarlo e invitar a la reflexión y al viaje interior de cada un@.

De viaje se produce un encuentro con un@ mism@. Se pasan por muchas y diferentes etapas así como de situaciones nuevas. Muchos momentos de soledad, de espera, de situaciones límite, de toma de decisiones inmediatas o a largo plazo...Es entonces cuando aparecen aspectos de nosotros tal vez desconocidos y que pueden llegar a sorprendernos ( tanto positiva como negativamente).

Es curioso el viaje.

Por otro lado, muchas actividades cotidianas que antes no requerían tanto esfuerzo o dedicación en el viaje se convierten en tareas a veces interminables. Cocinar en la tranjea (es como un camping gas pero más lento), lavar, buscar un sitio donde dormir...Cambian las prioridades, cambia el tiempo, se vive con menos, cambian nuestros pensamientos y hasta a veces nuestras creencias porque todo se da la vuelta.

Simplemente observando como observas llegas a muchas conclusiones. Observando como te vas a adaptando a estos ritmos. Es cierto que todos los sentidos están más vivos, con una percepción diferente y hay que aprovechar esta oportunidad para viajar por fuera y por dentro. A veces todo es tan intenso que no da tiempo a digerir, pero también aprendemos a a no tener que mentalizar cada cosa que nos sucede. Simplemente vivirlo y sentirlo e ir más allá de la palabra. No todo lo que se experiencia requiere de palabras o explicaciones.

Sorprende el viaje.

Conocemos muchos sitios y muchas personas diferentes. Se crean amistades efímeras pero no por ello superficiales. Nos enriquecemos a través de ellas, pero hay que agarrar y soltar, no tener nada en las manos pero al mismo tiempo tenerlo todo.

También hay conflictos, crisis y malos momentos en los que no tienes ni tu espacio ni muchos de tus amigos ni tu familia ni tu madre que te cuida cuando estás enferma. Pero por otro lado a veces la distancia física se convierte en cercanía con los tuyos.

A veces llega el cansancio aunque el viaje sea a paso lento. Pero aprendes a escuchar y a escucharte. Por ejemplo, nosotros hemos decidido parar un “ratito” como dirían aquí. El lugar elegido es un hermoso pueblo grande en Chiapas, pero de esto ya hablaremos en otra entrada. Un rato para digerir, pensar, parar, respirar, reflexionar y estar un tiempo sin la mochila en la espalda y con un espacio para nosotros. Cuerpo, corazón y mente nos piden este parón por fuera y lo vamos a hacer mientras trabajamos en una huerta y seguimos nuestro viaje laberíntico de introspección en el que lo importa es caminar y no llegar hasta el final.

Gracias por estar ahí. Gracias por estar aquí.

Palo

viernes, 25 de junio de 2010

El tic tac

"Cada tic tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Y hay en ella tanta intensidad, tanto interés, que el problema es sólo saberla vivir. Que cada uno lo resuelva como pueda"
Frida Kahlo

sábado, 24 de abril de 2010

Fronteras

Se acabó nuestro tiempo en Estados Unidos, ya que como europeos sólo podemos estar tres meses en calidad de turistas. Y supuestamente debemos sentirnos afortunados porque si nuestro pasaporte fuese de otro país la posibilidad de viajar de esta manera (es decir, sin necesidad de visado) habría sido más difícil o incluso imposible.

Reflexiono acerca de las fronteras, los visados, los países...y los movimientos de las personas entre ellos. A veces por placer, otras muchas por necesidad. La injusticia de que dependiendo de donde hayas nacido condicione tus posibilidades de moverte. Y no sé a que conclusión llegar, pero me vienen a la memoria frases del primer libro que me he leído en el viaje, el cual recomiendo a todo el mundo. Se llama “El mundo de ayer” y es la autobiografía de Stefan Zweig, un escritor austriaco judío que vivió las dos guerras mundiales y dadas las circunstancias tuvo que andar moviéndose de un lado para otro.

Os dejo con un par de reflexiones que encontré en sus páginas:

“Antes de 1914, el mundo pertenecía a todos los hombres. No se conocían permisos ni prohibiciones, se viajaba a India y a EE.UU sin poseer pasaporte ni haber visto jamás semejante instrumento. Se subía y se bajaba de los trenes y vapores sin preguntar ni ser preguntado; no había que rellenar uno solo de los centenares de formularios que hoy se exigen. No había autorizaciones, ni visados ni clase alguna de molestias. Las mismas fronteras que hoy los aduaneros, policías y gendarmes transforman, debido a la desconfianza patológica de todos contra todos, en un alambrado de púa, no significaban más que líneas simbólicas, que se cruzaban tan despreocupadas como el meridiano de Greenwich”

“Antes, el hombre sólo se componía de un alma y de un cuerpo. Hoy necesita, además, un pasaporte; de lo contrario, no se le trata como a un ser humano”

Palo

viernes, 12 de febrero de 2010

Where are you from?

¿Quién es realmente neoyorquin@?
Lo son tod@s. De todos los países y procedencias posibles. De todos los colores y con todos los rasgos habidos y por haber. Se escuchan infinidad de acentos diferentes. Se respira la mezcla. Muchos permanecen manteniendo su cultura, otros la mezclan y otros tantos no, ya que tal vez ni siquiera hayan estado nunca en su país de origen. Cada generación un poco más asimilada. Es la americanización.
Por eso en NYC nunca se le pregunta a nadie de donde es, porque todo el mundo puede ser de allí.
Yo lo hicé el primer día que llegué con una chica de ojos rasgados a la que me presentaron. Tenía el presentimiento de que era coreana, y me hacía ilusión que fuese de allí porque he conocido gente estupenda de ese país.
La chica me contestó con tono sarcástico que era del Upper West Side, un barrio de la ciudad.
Aprendí entonces que es mejor no preguntar. Pero mi intuición no había sido mala. Nuestro amigo Carlos me aseguró que sus padres eran coreanos.

Palo