Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Nueva York. Mostrar todas las entradas

viernes, 19 de marzo de 2010

San Patricio en Nueva York

Llegó el momento de abandonar el que ha sido nuestro hogar prácticamente desde que llegamos a EE.UU. Se acabó lo que se daba en New Jersey. Muchas gracias Susan y Allan, nos hemos sentido como si fuésemos parte de la familia. Después de unas cómodas y revitalizantes vacaciones en Puerto Rico y de unos días ultimando los preparativos finales sentimos que en ese momento empezaba realmente nuestro viaje. La aventura iba tomando forma.

Emprendíamos rumbo a San Francisco, pero todavía nos esperaba una interesante jornada en Nueva York. Debíamos pasar allí la noche porque nuestro vuelo salía del aeropuerto de dicha ciudad y dio la coincidencia de que era el día de Saint Patrick, santo patrón de los irlandeses, que como todo el mundo sabe son grandes bebedores. Pero como dicen por aquí, en Nueva York todo el mundo es irlandés el día de Saint Patrick. Nuestra amiga Ana, que lleva unos meses en la ciudad formándose como actriz, nos esperaba para irnos de fiesta juntos. Luego nos alojaría en su casa.

Desde luego el aspecto de la ciudad no era el mismo que habíamos dejado en nuestra última visita. Un sol radiante se proyectaba por las avenidas y no quedaba rastro de la nieve que se amontonaba a los lados de las carreteras cuando nos fuimos. No llegamos a tiempo para ver el tradicional desfile que todos los años recorre Manhattan al son de gaitas. La tradición ese día dicta que uno debe vestirse con alguna prenda verde(cuantas más mejor) y beber cerveza. Mucha cerveza. En los bares y en la calle, donde por una vez al año la policía hace la vista gorda. Nuestro bajo presupuesto y los elevados precios neoyorquinos hicieron que más bien optásemos por la segunda opción. Aprovechando que hacía buen tiempo, decidimos pasar la tarde en Central con una cervecita y unas patatuelas, al más puro estilo madrileño (al menos el nuestro). Entrada la noche nos juntamos con más gente del mundo de la farándula que eran amigos de Ana y esta vez sí que seguimos la tradición y nos fuimos a seguir de cañas (bueno, aquí se va de pintas) en unos cuantos bares más. Pasadas casi 12h desde que nos pusimos a celebrar este santo día nos encontramos en un bar lleno de personajes solitarios que miraban partidos de todo tipo de deportes en las pantallas de televisión y con uno de los componentes del grupo que no paraba de hablar de paellas y tortugas debido a los efectos de la cerveza y el whisky. Fue entonces cuando decidimos poner fin a esta larga noche. Por la mañana nos esperaba un largo trayecto en metro hasta el aeropuerto y siete horas de vuelo(sin darte una mísera patata frita) para seguir en el mismo país.

Paloma y Mikel

P.D. Podeis ver mas fotos aqui

sábado, 13 de febrero de 2010

Jardines comunitarios


En NYC llevan ya muchos años con esto de los parques vecinales, o community gardens como los llaman aquí. Se trata de parcelas en medio de las ciudades que son reclamadas por los vecinos para la creación de un espacio verde y su gestion y mantenimiento vecinal. Algunos se ubican en pequeñas parcelas entre edificios, otros ocupan enormes parcelas en lo que antes posiblemente era un solar inóspito. En ellos se fomentan las relaciones vecinales, se cultivan alimentos para la comunidad y para que los niños aprendan que las patatas no bortan ya fritas y abunda el reciclaje y trabajo voluntario. Si tiene el suficiente espacio incluso los puedes encontrar con escenarios donde poder disfrutar de agradables conciertos u obras de teatro.
Nosotros visitamos 4 en Manhattan que estaban muy cerquita y que eran una delicia de ver, aunque por ser invierno estuviesen cerrados y bastante salvajes.


En Madrid vamos muy por detrás en este tipo de cosas y sólo contamos con dos, el que desde hace años ya existe en el barrio del Pilar y el recien nacido en Lavapiés (más bien renacido después de que e Ayuntamiento lo cerrase y destruyese en dos ocasiones) Esta es una Plaza

Mikel

viernes, 12 de febrero de 2010

Where are you from?

¿Quién es realmente neoyorquin@?
Lo son tod@s. De todos los países y procedencias posibles. De todos los colores y con todos los rasgos habidos y por haber. Se escuchan infinidad de acentos diferentes. Se respira la mezcla. Muchos permanecen manteniendo su cultura, otros la mezclan y otros tantos no, ya que tal vez ni siquiera hayan estado nunca en su país de origen. Cada generación un poco más asimilada. Es la americanización.
Por eso en NYC nunca se le pregunta a nadie de donde es, porque todo el mundo puede ser de allí.
Yo lo hicé el primer día que llegué con una chica de ojos rasgados a la que me presentaron. Tenía el presentimiento de que era coreana, y me hacía ilusión que fuese de allí porque he conocido gente estupenda de ese país.
La chica me contestó con tono sarcástico que era del Upper West Side, un barrio de la ciudad.
Aprendí entonces que es mejor no preguntar. Pero mi intuición no había sido mala. Nuestro amigo Carlos me aseguró que sus padres eran coreanos.

Palo

jueves, 11 de febrero de 2010

Los museos de Nueva York


Nueva York es una ciudad llena de museos, pero al tener tan sólo cinco días para visitarla, nos vimos obligados a elegir. Ya habíamos visto unos cuantos en nuestra anterior visita, y el hecho de que en alguno de ellos la entrada cueste la voluntad (sí, aunque esté escrito con letra muy pequeña, puedes pagar lo que quieras) hizo que nos decantásemos por tan solo dos: el Museo de Historia Natural y el Metropolitan Art Museum.
El primero quizás no sea tan visitado por los turistas extranjeros que inundan otros museos como el Moma o el Gughenheim, pero a nosotros nos fascinó. Quizás a muchos os suene de verlo en alguna película por las recreaciones de decenas de parajes naturales de distintas partes del planeta (tambien acuáticos) con la flora y la fauna disecada mirándote al otro lado del cristal. Es un museo enorme y entretenidísimo, además de didáctico. Una ballena azul a tamaño natural que cuelga del techo, el esqueleto de un brontosaurio protegiendo a su también esquelético retoño del ataque de un velocirraptor, la sección de una secuoya de cuatro metros de diámetro, un peludo Neanderthal en una vitrina… Este museo es una caja de sorpresas. Además de su contenido es particularmente encantador su estilo antiguo que parece no haber cambiado desde que se construyó a mediados del siglo XVIII.

El segundo museo que visitamos, el “Met” como lo conocen aquí está justo en frente del anterior, pero al otro lado del grandioso Central Park. No es un museo de arte convencional lleno de cuadros y esculturas. Aquí uno puede encontrarse desde el retrato tamaño gigante que Andy Warhol le pintó a Marylin Monroe en colores de los más chillones, como la verja de la catedral de Valladolid, o un cuarto diseñado enteramente por Frank Lloyd Wright. Cada sala tiene un estilo diferente, y cuando hablamos de diferente nos referimos a pasar de un claustro gótico a una amplia sala de paredes blancas y una gran cristalera art decó. Una verdadera maravilla museística.

Palo y Mikel

miércoles, 10 de febrero de 2010

Las furgonetas de NYC


En Nueva York se da un fenómeno interesante. Sus calles estan llenas de furgonetas y camiones de reparto totalmente cubiertos de graffitis, como el de la foto. Y aunque en otras ciudades puede verse tal fenómeno, en esta ciudad es algo exagerado.

Mikel

martes, 9 de febrero de 2010

New York, New York...


La aventura comienza en un destino un tanto cosmopólita, la ciudad que nunca duerme y en la que todo vale, el centro del mundo para muchos y un infierno para otros: Nueva York.

Nada más aterrizar nos dirigimos a un bar donde nos esperaba nuestro amigo Carlos y donde realizamos una cómica entrada con nuestros macutos, abrigos, bolsas de viaje y otros enseres que contrastaban en gran modo con la escena que ofrecian l@s neoyorquin@s que disfrutaban de una pinta o de suntuoso cocktail después de otro día de trabajo. Carlos (Chari para los amigos españoles) y sus maravillosos compañeros de piso, Dan y George, nos acogieron en su pequeño apartamento (todo un derroche de metros cuadrados para lo que uno se puede permitir en la Gran Manzana) en el Lower East Side de Manhattan.

Nueva York es una ciudad de unos 8 millones de habitantes, pero cuando pensamos en esta ciudad lo que nos viene a la cabeza es Manhattan, donde en tan sólo vive una quinta parte de la población neoyorquina. Imaginamos sus interminables avenidas llenas de taxis amarillos, su actividad frenética, sus altos rascacielos, sus variopintos residentes y sus mil y un restaurantes y bares donde todas las noches son un buen pretexto para tomarse algo.
Nuestro amigo Carlos (así como esa genial pareja que tiene por compañeros de piso y que ya consideramos nuestros amigos) vive en el centro de toda esa actividad, en uno de esos apartamentos de ladrillo con una escalera de incendios que recorre toda la fachada. Se encuentra justo al lado de Chinatown y el Soho, dos barrios muy diferentes pero llenos de un encanto que sólo puede encontrarse en esta ciudad. Gracias a ellos disfrutamos de un maravilloso concierto (
The Spring Standards) en un pequeño bar donde cada treinta minutos toca una banda diferente. Otro día nos tomamos una copita en un bar de ambiente camuflado en el sotano de un lindo café donde venden ricos pastelitos de todos los colores… Lo curioso es que al bajar las escaleras se transforma en un garito underground donde los camareros no llevan más ropa que unos reducidos calzoncillos y sobre el escenario una banda toca una ecléctica música que suena como si los fantasmas de Poltergeist hubiesen montado un grupo.

Una auténtica experiencia neoyorkina no puede completarse sin entrar en la dinámica del aprovechar el tiempo de la manera más que deriva en un consumo desenfrenado. ¿Para qué voy a realizar algo si alguien me lo pueden hacer y además tardo menos e incluso puede que me cueste menos? He aquí el triunfo del fast food, de las lavanderías y de todos aquellos servicios que acostumbran a llenar nuestro tiempo.

Pero no os creáis que ésto de la comida rápida se reduce únicamente al Macdonald’s y al Burger. Tampoco hay que creer que toda la comida rápida es de mala calidad, ya que hay restaurantes de comida preparada riquísima y muy saludable (evidentemente los precios varían de manera considerable). Existe una infinita de variedad de restaurantes de comida fast food donde encontrar comida de todo el mundo y poder saborearla en cualquier sitio. Los neoyorquinos se alimentan de comida rápida en el metro, en la calle, en el parque, en la oficina mientras trabajan… y si, en casa también lo hacen.

No es la primera vez que visitábamos la Gran Manzana, por lo que no dedicamos todo nuestro tiempo a realizar las típicas visitas. Intentamos hacer un turismo diferente.
Uno de los días lo pasamos en Brooklyn, uno de los cinco barrios que compone Nueva York. Allí nos encontramos con Franc, un antiguo colega de nuestro amigo Junca de su época de Erasmus. Nos hizo mucha ilusión porque era el primer encuentro con uno de los contactos que nos habéis enviado; una persona que no conocíamos de nada y con la cual compartimos un día muy agradable: paseíto y comida en la 7th Av. y luego unas cervecitas en Williamsburg. Fue muy interesante, no sólo por lo que hicimos, sino por haber tenido la oportunidad de conocer otro punto de vista sobre la ciudad que no se limitase a Manhattan. Podéis echar un vistazo a
su blog, merece la pena.

De todos modos, por donde más nos movimos fue por Manhattan. Y, hay que admitirlo, es un lugar muy divertido donde todo vale. Pasear por la calle o viajar en metro es una experiencia de lo más interesante desde el punto de vista sociológico. Los estilos no están definidos, cada uno busca el suyo propio, auténtico y original.
Sudaderas ochenteras, look de leñador, zapatos de tacón con calcetines, raperos llenos de blingbling(mucho oro y brillantes aunque sean de plástico), yuppies con traje de chaqueta y zapatillas de deporte, look de bohemio parisino y todo tipo de mezclas eclécticas. Incluso en la tienda de Chanel el maniquí se revela vistiéndose con chandal y zapatos de tacón. Antes muerta que sencilla.

Otra de las cosas que observamos en Manhattan es que se mueve mucho dinero y eso deriva en estar a la última en todo tipo de artilugios "cool" y corrientes "new age". En Central Park uno no se cansa de ver a gente haciendo "jogging" enfundada en prendas deportivas de última moda. Pero no sólo los humanos van a la última, los perros también lucen sus galas térmicas de lycra o forro polar. ¡Hasta vimos un perro con botines! El iPhone se ha convertido para los neoyorkinos en un nuevo apéndice y sus caras se iluminan mientras garabatean con el dedo en la su pantalla. Para llenar el estómago nada mejor que irse a un "brunch" (no es el breakfast, no es el lunch... ¡es el brunch! ohhhh yeahhh) y tomarse unas mimosas (champagne con zumos tropicales) y un plato con un nombre en otro idioma hecho con ingredientes 100% orgánicos.

Como muchos vistéis en las noticias, no nos tocaron días primaverales precisamente. Una tremenda tormenta de nieve paralizó la ciudad, cerrando colegios y permitiendo a muchos no ir a trabajar. Nosotros nos aprovisionamos de comida, pelis y helado para no salir en todo el día de casa. De hecho tuvimos que retrasar un día nuestra partida a New Jersey debido a la nevada.
Finalmente pudimos tomar el autobús hacia nuestro siguiente destino aunque en el camino a la estación la ciudad nos regaló una última imagen para el recuerdo: un personaje que plácidamente estaba meditando en medio de Times Square mientras dos policías discutían acaloradamente con un amigo suyo sobre si podía continuar con su perturbadora acción.

Good bye New York.

Palo y Mikel

P.D. podéis ver más fotos
aquí