lunes, 14 de junio de 2010

¿¿¿Mande???

Siempre hemos pensado que tenemos mucha suerte de hablar el mismo idioma que mayor parte de los países latinoamericanos. Pero cuando cruzamos la frontera de México nos dimos cuenta de que dentro de un mismo idioma las cosas pueden ser muy diferentes. Sobre todo si uno se junta con gente joven que acostumbra a utilizar una jerga propia, y en México esta claro que les encanta jugar con el lenguaje.

Al principio no parábamos de preguntarnos quién era Simón, porque todo el mundo hablaba de él pero nosotros nunca conocimos a nadie por ese nombre. Hasta que nos dimos cuenta de que Simón significa “sí”. Y “naranjas” significa “no”. Y es que no hay reglas en esto de jugar con el lenguaje, tan pronto se abrevian las palabras(papá es pa) como se sustituyen por otras más largas.

Además, hay que tener cuidado con el lenguaje porque uno puede acabar soltando verdaderas burradas sin darse cuenta. Nunca nos habíamos parado a pensar cuantas veces y para cuantas cosas decimos “coger” hasta que aquí se convirtió en una palabra prohibida ya que en México, como en otros países latinoamericanos significa... bueno, creo que ya todos sabéis lo que significa.

Otra de las curiosidades es la cantidad de anglicismos que han incorporado al lenguaje, aunque ya en el norte es exagerado. En la lista de expresiones hay muchas palabras híbridas que son combinaciones del inglés y el español. Por ejemplo, el lonche es el almuerzo, mirar aquí es huachar, el camión se convirtió en la troca y además no se aparca, se parquea. No hacen pasteles sino pays y no trabajan sino que chambean.¿Y esto que tiene que ver con el inglés? Pues resulta que los mexicanos que llegaban a EE.UU para conseguir trabajo tenían que ir a la cámara de comercio (chamber of commerce) y de tanto ir a la “chamber” acabaron chambeando.

Muchos de estos pochismos son traídos por los emigrantes y chicanos (que son los que ya han nacido allí), entre los cuales existe una jerga que ya es un mundo aparte. Un spanglish digno de una academia de la lengua propia.

En México, al igual que en España, hay cambios de palabras y expresiones según la región en la que te encuentres. Cuando entendimos en qué momento utilizar la palabra “bofo” en San Luis Potosí y la quisimos utilizar en Guadalajara nadie nos entendió. Al final, con quienes nos entendemos mejor es con la gente mayor cuyo español no admite tantos cambios.

Pero hay determinadas cosas que siempre se nombrarán de manera distinta, sobre todo en la comida. Nadie te va a entender si pides una remolacha o un pimiento. Aquí se les conoce como betabel o chile, del que por cierto hay millones de variedades. Y si pides un limón, no esperes que te den algo amarillo porque aquí el limón es la lima y lo que llaman lima nosotros no lo hemos visto en España.

Ah! y cuidado con los insultos porque también pueden ser motivo de malentendidos. A la hermana de Mikel le costó una pelea conyugal el llamar a su marido idiota que aquí es un grave insulto, al igual que imbécil. En cambio, su marido no entendía porque Guiomar se enfadaba cuando la llamó necia. Y es que aquí necia significa cabezota, no ignorante o tonta.

Eso sí, Guio no se enfadó cuando Juan Carlos se refería a ella como su vieja, ya que sabía que aquí la vieja es la novia o la esposa y no la madre. Para los amigos se utilizan palabras que no conocíamos como carnal, cuate o bato.

Y a la madre se la llama madre. Pero es mencionada continuamente. Si algo te vale madre es que te importa un pimiento pero si está de poca madre es que te encanta. Si estás hasta el moño estás hasta la madre y puede ser porque todo sea un desmadre, es decir un desfase. Y ojo si te amenazan con madrearte porque no te van a mimar sino todo lo contrario. Mejor pásatelo a toda madre.

Y para despedirnos os dejamos con una Café Tacuba que aunque penseís que se trata de ruidos ininteligibles todo tiene significado. Eso sí, para un mexicano. Pachucos cholos y chundos, chinchinflas y malafachas, aca los chompiras rifan y bailan tibiritabara...




Palo y Mikel

P.D: Y de regalo una perla. El gentilicio del Aguascalientes es... hidrocálidos


sábado, 12 de junio de 2010

Catorce

San Luis Potosí es uno de los estados con más diversidad natural de México. Uno puede encontrarse desde zonas selváticas al este (la Huasteca Postosina) hasta desierto y zonas de altiplano en el norte. Nosotros, después de la ciudad, optamos por esta última zona.

Llegar a Real de Catorce no fue tarea fácil. No había autobuses directos desde San Luis Potosí así que hicimos escala en Matehuala. Después de recorrer durante km la carretera adoquinada más larga que jamás hayamos visto, de nuevo tuvimos que cambiar de autobús para atravesar el estrecho túnel que desmboca en este mágico pueblo.

Ahora considerado por algunos como un pueblo fantasma, hace mucho tiempo debía de rebosar de vida gracias a la floreciente industria minera. Los restos de una plaza de toros, una fábrica de acuñación de moneda y preciosas casas abandonadas ayudan a imaginarse un Real de Catorce lleno de vida. Aunque precisamente en estos vestigios de grandeza radica su encanto y singularidad. Encanto que es bien explotado por sus habitantes.

Nosotros nos dedicamos a pasear durante una tarde y una mañana descubriendo todos sus rincones puesto que no es bastante pequeño. Por la tarde decidimos bajar al desierto de Wirikuta. Entre Real de Catorce y Estación Catorce no hay más que 10 km de distancia por lo que cuando nos dijeron que tardaríamos una en llegar nos costó creerlo. El trayecto merece la pena. Subidos en el techo de un todoterreno Willys del 62 lleno de gente, bajamos por un camino de cabras bordeando un profundo cañón pasando por casas ubicadas en lugares que hacen que cueste trabajo pensar que haya gente que viva allí.

Pero finalmente llegamos sanos y salvos al desierto, un lugar donde la energía se respira en el ambiente. Porque hay que saber que este lugar es un lugar de peregrinación para los indígenas Wixárika, también conocidos como Huicholes. Cada octubre cientos de miembros de esta etnia emprenden una peregrinación de más de 400 km desde sus comunidades del norte de Jalisco hasta este desierto que consideran como sagrado por ser aquí donde nace el cactus del hikuri (o peyote como se le conoce habitualmente) al que consideran como una deidad y que utilizan para realizar sus rituales.

Nosotros nos alojamos en casa de Mocho, un conocido de un amigo de Paloma que es de allí. Un tipo un tanto místico con el que no llegamos a conectar del todo. En su casa, por la que pasa mucha gente, estuvimos un par de días, también en compañía de José, un amigo suyo que se está quedando allí por el momento hasta que vuelva a encontrar trabajo. Juntos disfrutamos de alguna charla y vimos la película Sangre por Sangre, una peli muy conocida aquí que narra la historia de varios chicanos (estadounidenses de origen mexicano) en Los Ángeles. Fue muy divertido porque el los chicanos hablan un castellano bien particular lleno de palabras y expresiones que no conocíamos y que nos resultaban bien chistosas. ¡Chale!.

Pero nosotros fuimos a Estación de Catorce para conocer el desierto, así que equipados con agua y provisiones nos perdimos durante horas por el desierto. Allí nos encontramos un montículo circular con varios cículos de piedra en el centro que sospechamos es donde los Wixárika realizan sus rituales. Pero nuestra excursión terminó pasada por agua porque nos pilló una gran tormenta a horas de camino del pueblo, así que llagamos totalmente empapados a casa donde desgraciadamente no nos esperaba un baño caliente (ni siquiera había ducha) ni ropa limpia (ya no nos quedaba).

Al día siguiente bien de madrugrada tomamos el autobús que nos llevaría a San Luís Potosí de nuevo para allí continuar nuestro viaje en San Miguel de Allende.

Palo y Mikel

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jueves, 10 de junio de 2010

Más bonito que un San Luís y más valioso que un Potosí

Nuestra acogida en San Luis Potosí fue de lo más especial. Nada más llegar llamamos a Jose Juan (a partir de ahora CS va a significar que nuestro anfitrión lo hemos encontrado gracias al Couch Surfing) el cual nos dijo que venía a buscarnos con su madre. Caramba. Una familia entera recibiendo a viajeros del mundo, y a más de uno a la vez, porque cuando llegamos a la preciosa casa que tienen también estaba allí Ash, un australiano que encantado con ellos se había quedado una semana entera (curioso personaje que viajaba con una bolsa de plástico con sólo tres camisas, pero una súper cámara, ordenador y iPhone) La familia era para enamorarse. La madre, Cristina, una guatemalteca que se desvive por sus hijos al mismo tiempo que disfruta viéndolos viajar y madurar. Porque le han salido unos chiquillos bien precoces. José Juan se marchó hace 2 años, con 18 añitos a recorrer el este de Europa con una mochila y María, la pequeña, el año pasado, con 16 años decidió que quería cambiar de vida y se le ocurrió marcharse a la India a aprender yoga en un internado Sij. Ahora ha regresado a casa a pasar unos meses pero pronto regresará. El mayor es Manolo, el más tranquilito, aunque ya está pensando en irse a estudiar a España o Australia. Por último, el padre, llamado Manolo también, un tipo relajado y bohemio por lo que nos contaron que disfrutaba cuidando su jardín y su huerto con cuidadoso esmero.

Finalmente no pudimos quedarnos en esa casa (era el cumpleaños del padre y todos se iban a celebrarlo a un terreno en el campo) pero no tardaríamos en verlos ya que nos invitaron a pasar el domingo a su casa. Así que al final nos quedamos en casa de Iván, uno de los mejores amigos de José Juan con quien conectamos estupendamente. Esa noche salimos por la ciudad y nos fuimos a juntar un montón de gente,entre ellos todos los hermanos con sus respectivos amigos. Primero estuvimos en una cantina de esas de mala muerte donde el calor invitaba a no dejar de beber micheladas(cerveza con salsa inglesa). Luego fuimos a otro bar donde despedimos a Ash y a un amigo mexicano que agarraron el tren a las tres de la mañana destino a la Huasteca Potosina (nos referimos a viajar en un tren de carga al más puro estilo “espalda mojada”). Finalmente, acabamos en la fiesta de alguien que nadie parecía conocer y de la que nos marchamos a las cinco de la mañana porque éramos los únicos que quedábamos.

Al día siguiente, tras conseguir despegar los ojos, nos fuimos a conocer la ciudad con Ivan, que muy amablemente fue nuestro guía turístico. Paseamos por sus adoquinadas calles, vimos algunas de las numerosas iglesias y hasta visitamos una antigua cárcel convertida en un centro cultural. Una de las cosas más curiosas y que más nos gustó fue encontrar diferentes estatuas en honor a personajes entrañables que vivieron en la ciudad. Entrañables, pero no famosos en el sentido histórico, como Juan del Jarro, un borrachín con pinta de vagabundo muy querido en la ciudad y que tras su muerte se descubrió que era millonario o una señora que alimentaba a las palomas. Claro que sí. Nosotros reivindicamos una estatua a los punkis del Madrid Rock y al mítico Joaquín de Ciudad Universitaria.

El aplastante sol nos venció y nos fuimos a casa a descansar. Íbamos a dormir la siesta pero al final nos quedamos atrapados en una conversación con Iván sobre el cuerpo. Fue muy interesante conocer el punto de vista de alguien que considera el cuerpo como un lienzo donde experimentar todo tipo de modificaciones, desde tatuajes, cortes, implantes o lo que nos resultó más increíble, las suspensiones corporales (permanecer suspendido de la piel por ganchos durante unos minutos). Aunque opuesto a nuestros pareceres, no deja de tener razón cuando dice que el cuerpo va a acabar podrido, así que¿por qué no experimentar con él mientras estamos vivos? Fue un rico intercambio de pareceres que nos hizo a todos reflexionar.Por la noche la fiesta vino a casa. En la azotea disfrutamos de la música y de la compañía.

Al día siguiente era el día que José Juan y su familia nos habían invitado a su casa del campo ya que María (la hermana pequeña) organizaba un día de yoga, comida vegetariana y meditación. Nosotros preparamos un rico gazpacho ya que estaba prohibido el azúcar, el alcohol y la carne. Lo pasamos estupendamente sin parar jugar a todo tipo de cosas como el Khabati, un juego indio de lo más agresivo pero también divertido. Después de la sesión de yoga y una rica cena vegetariana terminamos bailando bhangra, el tradicional y divertidísimo baile de la región india del Punjab(podéis ver algún vídeo en flickr) y durmiendo al aire libre bajo las estrellas. Al día siguiente emprendíamos de nuevo camino destino el altiplano y desierto potosino. Esta vez la despedida costó más. En muy pocos días habíamos cogido mucho cariño a esta mágica familia y amigos que nos habían tratado tan bien. Pero así es la vida del que viaja, conociendo a mucha gente y también diciendo adiós muchas veces. Aunque esta vez esperamos volverles a ver.

Palo y Mikel


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miércoles, 9 de junio de 2010

Un infierno llamado Edén

El otro día en Zacatecas fuimos a visitar la mina El Edén, localizada en el centro de la ciudad. Zacatecas fue uno de los centros mineros más importantes de la Nueva España y de ésta mina se sacaron durante siglos importantísimas cantidades de oro y en especial plata que sirvieron para mantener a la poderosa Corona Española y enriquecer a ricos aristócratas.

Aunque ya había visitado alguna mina antes, esta mina resulta muy particular por la antigua de la misma ya parece más un sistema de grutas subterráneas que un complejo de galerías y tiros bien apuntalados. La mina se empezó a explotar a finales del siglo XVI y por aquel entonces los métodos mineros eran muy diferentes a los actuales. La mina se sitúa en lo alto de un cerro y en su cima se encontraba su única entrada. El patrón de extracción era tan simple como seguir la veta del mineral hacia donde esta condujese por lo que si interior toma formas caprichosas. La piedra era de una gran dureza y muy compacta por lo que no era necesario el apuntalamiento más que dejar algunas vigas naturales en la inmensa veta que desciende de manera diagonal por el interior del cerro.

Sin embargo lo más increíble eran las condiciones de trabajo de los mineros de aquel entonces. Durante buena parte de los casi cuatrocientos años que ha estado activa esta mina (y que se calcula todavía alberga un 30% de su riqueza mineral) la principal mano de obra fueron indígenas a quienes durante mucho tiempo ni siquiera se les consideraba como seres humanos por lo que uno puede imaginarse que la ausencia de tecnología combinada con el desprecio hacia esta mano de obra convertían la minería en uno de las actividades más penosas y peligrosas de aquella época.

En la mina trabajaban unos 600 indígenas a la vez aunque la rotación era constante debido a que morían diariamente unos 5 mineros. Su esperanza de vida era de unos 30 o 35 años.Las jornadas de hasta 16 horas en la mina se realizaban en un aire estancado y a temperaturas de hasta 45 grados (no existía más que una entrada y no se querían abrir otras galerías de ventilación) por lo que los mineros trabajaban sin otra protección que un taparrabos. Su única iluminación eran unas velas de sebo y sus útiles de trabajo eran un maza y una barrena y la extrema dureza de la roca no les permitía avanzar más de 20cm diarios.

Para descender a la mina que cuenta con una profundidad de más de 500 metros se utilizaban un sistema de sogas y escaleras talladas en troncos (que contaban con minúsculas endiduras como escalones, lo que facilitaba las caídas), pero peor era la subida, ya que también debía utilizarse este entramado pero esta vez cargando a la espalda un fardo con hasta 80kg de roca picada. Así varias veces al día.

Desde niños los indígenas eran puestos a trabajar. Ellos eran los encargados de sacar en vejigas el agua que se filtraba por la roca y que continuamente iba inundando los niveles inferiores de la mina. Agua de color verdoso que además era tóxica debido a la alta concentración de cobre en la roca.

Trabajar en la mina suponía una sentencia de muerte segura ya que la gran mayoría moría aplastados por un derrumbamiento, en caídas o con los pulmones destrozados por la silicosis. Además eran alimentados con un puñado de grano lo que mermaba enormemente sus fuerzas y reflejos.

Sin embargo en contra de lo que se puede creer, los indígenas eran personas “libres” que buscaban pagar una deuda económica con sus empleadores-amos de igual modo que todavía sucede en numerosas partes del mundo. Es la esclavitud de la deuda. Los indígenas eran engañados para contraer una deuda con el dueño de la mina de modo que no le quedaba otro remedio que trabajar en ella para pagarla. Estos empleos eran muy mal pagados por lo que casi no daban para subsistir y mucho menos para pagar una duda que poco a poco iba aumentando debido a los intereses devengados. Así se generaba una deuda infinita que no sólo esclavizaba a quien la había contraído sino que era heredada por el hijo mayor que era obligado a trabajar también en la mina para pagarla.

Así perdieron la vida cientos de miles de indígenas en el "Nuevo Mundo". Todo en busca de metales como la plata y el oro que prácticamente no tienen ningún tipo de utilidad práctica.Minerales que suponen una destrucción ecológica sin igual (para la extracción de 1gr de oro es necesaria la extracción de una tonelada de roca y enormes cantidades de agua, mercurio o ácido sulfúrico son necesarias para su procesamiento posterior) y un sufrimiento humano altísimo (especialmente en países del tercer mundo donde las normas de seguridad y el trabajo dignamente remunerado son meras anécdotas) y que sin embargo seguimos demandando cada vez más. Su precio se ha duplicado en los últimos cuatro años y algunas minas abandonadas como la de Cerro de San Pedro en San Luis Potosí que ha sido motivo de una lucha por los derechos del agua en la zona se ha vuelto a ser explotada de nuevo. Todo para alimentar las ansias de acumulación de riqueza de unos pocos que guardan en cámaras acorazadas lingotes que valen millones, aunque realmente no valgan nada.


Mikel

P.D: Aquí podéis leer un informe de la OIT sobre el uso de niños en la minería

martes, 8 de junio de 2010

Zacatecas: comienza la ruta colonial

Zacatecas fue el primer destino de nuestra ruta colonial. Fue uno de los más importantes centros mineros del continente lo que pronto atrajo la atención de los españoles que edificaron una de las más bellas ciudades del país que fue declarada patrimonio de la humanidad.

Nada más llegar nos vino a buscar Marvin (sí, lo habéis adivinado, nuestro nuevo anfitrión gracias al couch surfing)con una chica que muy ilusionado nos contó se había convertido en su novia hacia unas horas. Sin pasar por casa nos fuimos directamente a una reunión de antiguos compañer@s de cuando estudiaron música que más tarde se convertiría en fiesta que curiosamente se celebraba en casa de Charo, la que había sido su maestra. Entre chela y chela, aprendimos a bailar la música norteña y ya terminada la cerveza, el tequila, y algunas botellas de licor que la profe tenía en su casa acabamos cantando a Sabina y a Chavela Vargas. Unidos por la música.

Al día siguiente, tras haber dormido lo suficiente nos fuimos a conocer la hermosa y bulliciosa ciudad de Zacatecas en la que sobre todo disfrutamos de sus edificios,sus plazas, sus casitas y la espectacular fachada barroca de su catedral. Esa tarde nos fuimos al cerro de la Bufa cruzando la ciudad en el teleférico que atraviesa la ciudad por lo alto con unas espectaculares vistas. Además de un mirador hay algunas estatuas de los hombres que participaron en la batalla de Zacatecas durante la revolución, y entre ellos, Pancho Villa escopeta en mano.

Por la noche cocinamos para Marvin y su hermano Michael, curiosamente unos fanáticos de las series españolas de las cuales nosotros no conocíamos nada(¿el internado?¿pero eso desde cuando está en la tele?) También son grandes amantes del couch surfing, y sobre eso sí pudimos charlar tranquilamente ¡Hasta se han cambiado de casa para poder tener un dormitorio únicamente para recibir a los viajeros que estén de paso!Vivan las casas de puertas abiertas.

Otro día lo dedicamos a conocer la antigua mina llamada ”El Edén”, que posiblemente fue un infierno para la mayoría de las personas que trabajaron allí durante años. Esta mina estuvo activa durante casi 400 años y es el origen de la riqueza de Zacatecas. Hoy en día sólo funciona como museo pero cuenta con una espectacular discoteca, la única a 500 metros bajo tierra.

También fuimos al museo de arte abstracto José Felguérez, un polifacético artista local. Es interesante no sólo por sus obras, sino porque el edificio fue un antiguo seminario convertido en cárcel que ahora pasa sus días alojando obras de arte.

Ese día probamos el famoso pozole(un rico guiso) en un curioso restaurante cuyos baños son una pajarera gigante y sus muros están cargados de decoración inspirada en la revolución.

Por la noche, antes de ir a casa, conocimos la famosa cantina de las 15 letras, uno de esos tradicionales antros mexicanos donde todavía hasta hace poco se podía orinar sentado en la barra (ahora el urinario se encuentra en un pequeño armario donde unas puertas de bisagra no evitan la mirada de todo el mundo sobre tu coronilla)Además, todo tipo de recuerdos, fotografías y dibujos cubren cada centímetro de sus paredes. Desde una foto del subcomandante Marcos hasta un altar a Jesús Malverde.

El último día lo pasamos tranquilamente paseando y visitamos un bonito museo dedicado a las Máscaras. Ubicado en un antiguo convento en ruinas, Rafael Coronel, un adinerado zacatecano que dedicó su vida a la colección de máscaras del folclore mexicano fundó este museo que lleva su nombre. Durante esa tarde tuvimos la suerte de toparnos con dos conciertos gratuitos en plana calle. El primero, el de la banda del estado de Zacatecas que interpretó clasicos mexicanos y después, un poco de baile gracias a la Sonora Santanera, una banda que con sus ritmos tropicales puso a bailar a todo el mundo. Este último concierto no era más que un reclamo electoral del PAN(Partido de acción nacional). Porque en este país cuando hay elecciones las campañas de los partidos son de lo más abrumadoras. Carteles en cada poste, puente o tienda. Aquí no existen los espacios publicitarios. Es la guerra de haber quien consigue pegar más carteles. Murales electorales en cada pared, cientos de coches con inmensas pegatinas con la cara de su candidat@ favorit@, camiones con altavoces que martillean a los tímpanos con ridículas canciones que alaban a l@s candidat@s . Se reparten gorras, pulseras, camisetas y todo tipo de parafernalia que la gente parece aceptar sin mayor problema. Y lo peor es que están así durante más de dos meses. Menos mal, que ante tal derroche y lavado de cerebro vimos anunciada una manifestación contra este circo político.

La última noche nos volvimos a reunir con los amigos de Marvin, pero esta vez no pasamos de las cervezas. Nos reímos hablando de diferentes expresiones en cada idioma y estuvimos hablando mucho sobre machismo y las diferentes formas que adopta en este país. Pero esto merece otra entrada, así que ya hablaremos de ello.

Este fue el final de nuestros días en Zacatecas, ya que por la mañana tomamos un autobús que nos llevó a San Luis Potosí, otra bonita ciudad que los españoles fundaron atraídos por su plata.


Palo y Mikel

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domingo, 6 de junio de 2010

Un hogar en Jalisco

Por fin, después de casi un mes con la mochila a la espalda por México llegamos a un hogar donde no preocuparnos por cuantos días nos íbamos a quedar y donde no había que tantear el terreno como en otras ocasiones. El pequeño hogar de Guio(la hermana de Mikel) y su marido Juan Carlos se convirtió fue un regalo donde poder pasar las horas descansando, escribiendo en nuestro blog...y sobre todo disfrutando de la compañía de la familia, que se echaba de menos.

Casi no nos dio tiempo a hacer una buena colada porque nos fuimos a pasar unos días al lago Chapala, a las afueras de Guadalajara, donde Juan Carlos y un buen amigo suyo tienen una casa. Después de comer una deliciosa birria (un plato típico de la zona que consiste en carne de cabrito cocinada en una cazuela)con uno de los hermanos de Juan Carlos, nos fuimos a la espectacular casa de Gabo, en la que caben hasta 34 personas durmiendo en cama. Esos días nos juntamos unos doce para disfrutar de la tranquilidad, el sol, la piscina, el tequila...Días muy relajados que hacían más falta de lo que creíamos. Después del finde semana nos fuimos a la casa de Juan Carlos que se encuentra en un pueblo cercano pero también a la orilla del lago. Aquí sólo estuvimos con Guio y Juan Carlos y aprovechamos para cocinar y tener largas conversaciones sobre México, l@s mexican@s y los diferentes puntos de vista entre lo que vive Guio y lo que hemos experimentado nosotros. Entre visita a los pueblos de la zona, lectura en la terraza, partidas nocturnas de Risk y comiditas agradables nos llegó el martes y nos volvimos a Guadalajara.

Esa misma tarde fuimos a ver una velada de Lucha Libre, que desde luego es algo que todo el que viaje por México debería conocer. Un trayecto de unos 20 minutos en coche para nosotros se convirtió en una odisea de cuatro horas hasta llegar al Arena Coliseo. Después de tomar tres autobuses una abuelita nos intentó secuestrar y perdernos por la ciudad haciendo círculos(hasta ahora ha sido lo más peligroso que nos ha pasado...) Finalmente llegamos a tiempo para ver a luchadores tan ilustres como Brazo de Plata con sus 140 kg y sus cincuenta y muchos años a la espalda, un tipo enmascarado que envuelto en un ridículo traje plateado de cuerpo completo y capa que no dejaba de dar volteretas o un gringo hipermusculado que no paraba de gritar inflando sus venas y arengando a los espectadores. Lo que no sabíamos es que el espectáculo no sólo está dentro del cuadrilátero sino que la gente viene a descargar toda su estrés en los luchadores público o el público. Insultos (con aires jocosos) entre distintas secciones de los espectadores. Improperios de todo tipo para todos y cada uno de los luchadores (que la verdad era como para echarse unas risas), lascivas invitaciones a brincar a todas mujer que pasase a sentarse en su asiento. Gente de toda condición social reunida en torno a un espectáculo en el que hasta la más pintada le menta la madre a un luchador, árbitro o espectador de unas filas más arriba. Toda una experiencia de lo más popular.

Los Siguientes días los dedicamos a conocer un poco de la ciudad de Guadalajara. Un día lo pasamos en Tlaquepaque, el barrio donde artistas y artesanos exponen sus creaciones y donde nos tomamos una típica torta ahogada (un bocadillo metido dentro de una bolsa llena de salsa picante). Otro día lo dedicamos a conocer el centro, donde tenemos que destacar el Centro Cultural Cabañas (un antiguo orfelinato de la colonial lleno de luminosos patios sembrados de naranjos); y los murales del artista tapatío (así conocen a los de Guadalajara) José Clemente Orozco, cuyo framatismo y grandeza lo hicieron convertirse en uno de los tres muralistas más importantes de México, junto con Siqueiros y Diego de Rivera.

Los últimos días en Guadalajara los pasamos haciendo recados, de cenita con la familia de Juan Carlos o cortándole el pelo a Mikel (una catástrofe en la que tras los tijeretazos descoordinados de Palo y los trasquilones de Guio sólo se pudo arreglar con la máquina de cortar el pelo de Juan Carlos). Hasta Paloma tuvo una sesión de acupuntura con la mujer del padre de Juan Carlos para ver si se le cura la sinusitis que nos acompaña desde casi cuando empezamos el viaje. Pero antes de marcharnos a conocer el centro colonial de este país nos hicimos otra escapada a la playa, esta vez a Manzanillo en el estado de Colima donde nos reunimos con otros amigos que también tenían una maravillosa casa donde cabíamos unos cuantos y nos los pasamos tirados en una tumbona, sorbiendo piña colada y jugando por la noche a un divertido juego de videoconsola donde se simula que eres una banda de rock tocando varios instrumentos cantando. Ah, y todo remojado en tequila.

Así bien relajaditos emprendimos un nuevo tour por México de unas semanas para recorrer algunas ciudades coloniales. Pero eso ya es cosa de la siguiente entrada.

Palo y Mikel

P.D: Podeís ver más fotos aquí

jueves, 3 de junio de 2010

Diferencias

El turista no sabe donde ha estado pero sabe a donde va mientras que el viajero sabe donde ha estado pero no sabe a donde va.