
Para nuestro consuelo tuvimos una intensa clase de yoga gratis y
Nuestro siguiente destino era Santa Cruz, pero antes hicimos una parada en Cupertino para comer con Helen, la abuela americana de Mikel. Esa misma tarde llegamos a casa de los tíos americanos de Mikel que viven en una casa a las afueras de Santa Cruz. Este sería nuestro nuevo campamento base en la costa oeste, y así lo ha sido durante 20 días. Barry y Bobbi (los padres) y Grant y Cole (sus hijos adolescentes) han sido como nuestra familia durante nuestra estancia. Cenamos juntos casi todos los días, nos enseñaron a jugar al póquer y a videojuegos, les cocinamos nuestros platos estrella, nos prestaron el coche o las bicis para nuestras excursiones y hasta nos fuimos de viaje juntos al Lago Tahoe (mirar siguiente entrada).
Ojalá tuviésemos una familia así en cada lugar en el que paramos.
Pero por supuesto donde más tiempo pasamos fue en Santa Cruz, ciudad surfera por excelencia donde también conviven hippies, artistas y muchos personajes. De hecho, las dos únicas esculturas dedicadas a alguien en la ciudad son una en homenaje a los surfistas y otra de un personaje local con bombín que toca el serrucho con un arco. Digamos que en sus calles se respira un ambiente relajado. Lo que más nos gustó fue su pintoresca calle principal, donde puedes ver músicos callejeros o artistas que venden sus obras en las aceras. Y por supuesto, el surf, que lo llevan en la sangre. Es alucinante la imagen de decenas de surfistas “cabalgando” enormes olas que rompen a escasos metros de las rocas. Y todavía resulta más alucinante el darte cuenta de que el surfista que te ha dejado boquiabiert@ tiene el pelo blanco.
Santa Cruz es un lugar sin par, y como dice una popular pegatina “Let's keep Santa Cruz Weird” que significa “Mantengamos Santa Cruz raro”.
Palo y Mikel
P.D: Podéis ver más fotos aquí
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